Dicen que es importante causar una buena impresión a primera vista, que no hay oportunidades para segundas opiniones de una primera impresión. Por eso, aquella mañana de primeros de septiembre elegí mi mejor traje de chaqueta de Giorgio Armani, me puse mis maravillosos Louboutin, me retoqué el maquillaje con mis polvos de Mac, preparé mi bolso de Marc Jacobs, y me dispuse a salir de mi pequeño, pero acogedor, apartamento en la Sexta avenida, mientras me ataba al cuello un pañuelo de seda de Christian Dior para dar a mi look un aire francés. Al salir a la calle me vi inmersa en aquel barullo de gente típico de Manhatan que tanto me gustaba, y gracias al cual sobreviví en muchos momentos de soledad tras llegar a la Gran ciudad completamente sola y sin tener a nadie a quien recurrir cuando entraba en estado de crisis existencial. Busqué rápidamente un taxi. No era habitual en mí cogerlo, siempre prefería andar o hacer uso del metro, que siempre aseguraba un peculiar display de gente procedente de cualquier lugar del mundo o seguidora de la tendencia más extravagante que en la vida uno se pueda imaginar, resultaban entretenidos esos viajes subterráneos. Pero aquel día consideré que me iba a resultar imprescindible hacer el trayecto en taxi, ya que veía difícil llegar a mi destino subida en mis doce centímetros de tacón, incluso me hubiera costado alcanzar la esquina de la siguiente manzana.
Ante la grandiosa e imponente puerta del rascacielos en el que se encontraban las oficinas de Vogue me encontraba yo, intentando esconder mis nervios en mi maravilloso bolso para que no me la jugaran durante la entrevista con la directora de la revista. Eran las nueve menos diez de la mañana. Había llegado con el tiempo suficiente para entrar en el famoso edificio, subir cientos de pisos en el rápido ascensor que poseía, presentarme ante la secretaria de la directora, y esperar sentada unos minutos en la sala de espera hasta que recibiera el aviso que me permitiera entrar en el fabuloso despacho con vistas a todo Nueva York; y así lo hice. Louisa Thompson era una mujer conocida en toda la ciudad. A pesar de sus cincuenta y cinco años llevaba una vida ajetreada como si fuera una veinteañera; iba de fiesta en fiesta, todas ellas por el Upper East Side, jugaba casi a diario al paddel y al squash, montaba a caballo y competía, tenía un día a la semana asignado para ir de compras por las mejores tiendas y boutiques de la ciudad, sacaba a pasear a su perro pekinés cada mañana mientras corría por Central Park… y aún así tenía tiempo para dirigir la revista de moda más famosa y vendida del mundo entero. Todo el mundo sabía que era buena en su trabajo, la mejor. Era una mujer controladora e inteligente, muy ocupada, a la que no se la podía hacer perder el tiempo. Y ahí estaba yo, Vera Major, sentada en uno de sus carísimos, aunque deslizantes, sillones de piel intentando guardar la compostura mientras Louisa evaluaba mi propuesta y esperaba una respuesta. Toda mi preparación de los últimos años, mi mudanza a la Gran ciudad desde un pequeño pueblecito a las orillas del lago di Como en el norte de Italia, la mejora de mi look y estilismo, mis estudios periodísticos y estéticos, y el sueño de toda mi vida estaba en manos de esta mujer. Llevaba toda una vida esperando este momento. El hecho de haber conseguido una entrevista con ella ya suponía un gran logro, pero ahora quería obtener el siguiente objetivo, mi contrato en Vogue como redactora jefe.
Nunca olvidaré el recibimiento de aquel barullo típico de Nueva York al salir del edificio de Vogue. Nunca me he vuelto a sentir tan arropada como en aquel momento por la ciudad. Estaba extasiada, eufórica, desprendía felicidad. Una simple mirada de Louisa me hizo entender que ya había tomado una decisión en cuanto al tema que nos había unido esa mañana; y una simple sonrisa me hizo entender que ya formaba parte del equipo de Vogue. Louisa Thompson es conocida por su faceta de ser una mujer seria y directa. Por ello, esa incipiente sonrisa me sirvió como respuesta. La directora al percatarse de mi incapacidad momentánea de reaccionar y hablar, fue ella quien tomó la palabra. Sus palabras fueron breves pero concisas, “Vera, no necesitaba leer todos estos papeles sobre ti para saber que eres la mujer adecuada para ocupar este puesto. Llevo muchos años realizando mi trabajo y se a primera vista cuando alguien está capacitado para trabajar en Vogue. Tu lo estas, y sé que no vas a tener ningún problema en adaptarte y en sorprenderme escribiendo sobre moda. Este puesto requiere a una buena escritora, pero con eso no basta. Con ser una buena escritora puedes triunfar publicando un libro o escribiendo en un periódico, pero no en Vogue. Para triunfar en mi revista tienes que entender de moda, tienes que creer en lo que escribes. Solo con verte he sabido que aunque no te contratara seguirías leyendo la revista. Eres una mujer inteligente y apta para este trabajo, tus Louboutin lo demuestran. Bienvenida al equipo.” Tras su discurso volvió a retomar los documentos que estaba observando cuando entré en su despacho y olvidó que seguía ahí, lo que me indicó que era momento de levantarse sin robar un segundo más de su tiempo. Aún así no lo pude evitar y la distraje momentáneamente, “muchas gracias señora Thompson, no la defraudaré”, y con mi patética frase tras su sabio discurso abandoné apresuradamente el edificio para mezclarme entre aquellos millones de neoyorquinos para embadurnarles a gritos internos de mi contagiosa felicidad.
Seguía siendo doce centímetros más alta, pero ya no me acordaba de mis dificultades para andar en esas condiciones. Comencé a andar por la Quinta Avenida, bajando hacia Central Park, sin un rumbo fijo en realidad. Mi único fin era compartir aquel sentimiento que me invadía y con el que durante mucho tiempo había soñado. Finalmente mi camino fue ligeramente modificado, sustituí los árboles del parque por las grandes firmas que a partir de ahora utilizaría para hablar sobre sus prendas en mis artículos de mi nuevo trabajo. Un poco antes de llegar a Bloomingdales, unos grandes almacenes en los que encontrabas las mejores marcas, pasé por delante de un quiosco en el que Vogue era la primera revista al alcance de la vista. No pude evitar comprarla, aquella portada con Adriana Lima fotografiada por Mario Testino vistiendo un peto de Alexander McQueen tenía que formar parte de la decoración de una de las paredes de mi apartamento. Yo ya era parte de esa revista, y no podía evitar sentirme orgullosa de mi logro, de haber llegado a la cumbre, a Vogue.
Continuará…
Abercrombie & Fitch llega a España. La ya conocida marca de ropa americana ha decidido abrir sus puertas a Madrid. Se estima su próxima apertura para el verano de 2011. Tras un largo trabajo buscando el emplazamiento más adecuado para la prestigiosa marca ya se ha decidido el local , por no llamarle palacio, en el que en menos de un año tendrá lugar el estreno de la tienda. Los directivos de A&F han decidido establecer la tienda en pleno centro de la capital española, en la Plaza del Marqués de Salamanca. El establecimiento resulta ser un antiguo palacete de 1300 metros cuadrados situado en la zona más exclusiva del ensanche de Madrid. La compañía de ropa americana además ha optado por abrir otras dos tiendas de la marca Hollister en La Maquinista de Barcelona y en el centro comercial de Xanadu en Madrid. Hollister es una segunda marca de Abercrombie & Fitch Co, que opta por una línea de ropa más asequible y juvenil, aunque sin alejarse del estilo de la marca matriz.
La llegada de A&F a España es esperada con ansia entre muchos jóves madrileños. Se estima que la implantación de la marca en territorio español sea rentable, ya que su prestigio y fama entre los que la conocen será lo que la lance en un primer momento hacia el beneficio, y la moda y exclusividad será lo que la mantenga en su mejor situación económica y comercial en un segundo momento.
A&F es una marca destinada a un público comprador de una clase media-alta, lo que la proporciona un carácter de prestigio que se pretende mantener en España a través de una estrategia de mantenimiento de los precios originales de EEUU. Ya son muchos los jóvenes, que a pesar de los precios, esperan con ansia e ilusión la llegada de la marca a España. A&F además de por su ropa, es famosa por sus atractivos dependientes, que son elegidos para formar parte del equipo de la marca a través de rigurosos y difíciles castings, con el único fin de conseguir para Abercrombie los jóvenes, por no llamarles modelos, más guapos y sexys de cada país. Así que solo podemos decir una cosa a la marca..."bienvenidos".
España siempre ha sido un país elegante y correcto. En todo el mundo siempre se ha admirado el glamour y el saber estar de los españoles. Penélope Cruz siempre consigue ser la mejor vestida de todos los festivales cinematográficos a los que acude. La princesa, Letizia, destaca por la elegancia que ella misma y los diseños que viste transmiten, estando siempre a la última moda. Cayetano y Fracisco Rivera son ejemplos de la masculinidad y el buen porte de los hombres españoles, resultando siempre atractivos pero con clase. Pues bien, todo este trabajo y esta buena fama que todos los españoles teníamos se esfumó en aquella cena oficial en la Casablanca, a la que Obama invitó a Zapatero; y éste llevo a sus, desde ntonces, conocidas hijas. ¡Qué verguenza! ¡vaya espectáculo! Todavía sigo sin entender como Zapatero permitió a sus hijas presentarse vestidas como lo hicieron ante el presidente de los Estados Unidos. Las dos jóvenes acudieron a la cena con unas peculiares túnicas negras,cubriendo todo su cuerpo de pies a cabezas. Estas túnicas, acompañadas de un maquillaje negriblanco, y de sus blancas pieles proporcionaban a las adolescentes un look muy... tétrico, digamos. Prefiero no imaginarme la cara que Obama y su mujer, Michelle, debieron poner al ver así vestidas a las hijasdel presidente español. ¿Qué pensará ahora el mundo de los españoles? Espero que no nos asimilen a este par de ridículos personajes, que actuando como lo hicieron solo consiguieron mostrar su falta de clase y de educación ante todo el mundo. No critico estas nuevas y extrañas formas de vestir que ahora muchos jóvenes han adoptado, aunque tampoco las comparto. Me parece que vestir una túnica negra no supone seguir ningún patrón de moda ni de protocolo; en mi opinión, esta gente "gótica" lo que sufre es algún trastorno psicológico como de falta de personalidad,que trata de justificar a través de su vestimenta y comportamiento para llamar la atención. ¡Es penoso! Pero bueno... no les critico, no me importan. Lo que critico, y lo hago porque me importa la imagen de España, es que estos individuos aparezcan en actos públicos a escala mundial. No es que esparara mucho de Zapatero, pero pensaba o confiaba, en que al menos algún dedo si le quedara de frente. Estaba totalmente equivocada. No puedo evitar preguntarme si de verdad a Zapatero, a su mujer, y a todo el equipo encargado del protocolo del Gobierno, les pareció bien, o al menos normal, que las hijas del primero fueran así vestidas a un acto del calibre como al que asistieron. ¿Acaso ellos no las veían ridículas?, ¿no les dio verguenza?, ¿no se pararon a pensar en el resto de españoles? No, desde luego que no lo debieron hacer. Resulta triste, y a la vez cómico, que el mismo presidente de un país no se pare a pensar en los ciudadanos a los que representa. Pero, señores, ¿qué esperan?, es Zapatero. Tras estos años de gobierno socialista ya le tenemos muy calado. Yo, a un tipo así, solo le puedo definir con una serie de palabras: mamarracho, farsante, ridículo o mentiroso. Lo siento, pero es lo que pienso; y además desde aquella cena he confirmado mis sospechas, mi teoría. El hecho de que sus siniestras hijas se presentaran vestidas como si fueran a pedir caramelos una noche de Halloween, y él lo permitiera, deja en evidencia la falta de poder y la incapacidad de mando que tienen en su casa. Así que por favor, que alguién me explique cómo va a poder gobernar un país si no puede ni poner orden en su propia casa. La respuesta es clara, no hay mas que remitire a hechos, no puede. Me da verguenza que un hombre que parece un clon de Mr. Bean y que está incapacitado para gobernar, sea el que represente a España ante el mundo. Pero bueno...como esto de primeras no puede cambiar, me voy a conformar con pedir al señor presidente que, al menos, coja a sus hijas y las encierre en la Moncloa hasta que el último ser del mundo olvide el patético espectáculo que crearon, y que la imagen de la elegante Penélope Cruz vestida de princesa y hablando de España retorne a la mente de todo aquel que se acuerde de nuestro país. 
El 11 de junio del 2010 la historia de España dio un giro de 360º. La instauración de un nuevo himno extraoficial al son de la ya conocida letra "yo soy español, español, español..." supuso el avance social de un país cada vez más alejado de los sistemas totalitarios del siglo pasado. Durante el mes que jugó "La roja" el mundial hasta conseguir la copa, España pareció dejar de lado la política. Nadie se acordaba de defender a Zapatero o a Rajoy, porque ambos perseguían, por una vez, un mismo sueño. Nadie recordaba su misión de apoyar el independentismo catalán, porque ni el mismo Puyol lo recordaba, tenía una misión más importante. Nadie se percataba de que debía tildar de facha al vecino por ir vestido de pies a cabeza con los colores de la rojigualda, porque él mismo era el que quería vestir como él y defender su selección. Durante un mes se dejó de lado la política, los problemas sociales, la crisis, el enfrentamiento entre el Real Madrid y el Barça... porque había algo más importante, divertido, y satisfactorio de lo que preocuparse. La roja supuso el núcleo de unión que necesitaba el país, que nunca había estado tan desquebrajado como estaba hasta el momento en el que los chicos de Vicente del Bosque llegaron para reunificarlo. Tras mucho tiempo de crisis existencial, España volvía a ser un país unido, caluroso, fiestero, alegre, colorido, admirable, envidiable... El equipo de Iker Casillas recordó a todo el mundo la existencia de España, que parecía que estaba desapareciendo del mapa. Suizos, portugueses, alemanes, y holandeses entre otros acabaron con una misma idea en la cabeza: la superioridad deportiva española, el juego limpio y en equipo de sus jugadores, y la unidad y el afecto que llegaba a Sudáfrica de todos los seguidores del equipo que dejó de ser preferido tras su única derrota contra Suiza. España ha llegado a la cumbre del mundo futbolísticamente, ha hecho historia. Pero este hecho no ha sido el más importante de la victoria, sino lo que esta ha supuesto para el país. Casillas, Ramos, Puyol, Xavi Alonso, Iniesta, Villa, Pedrito, Navas... han representado ante todo el mundo a nuestro país, han dejado el pabellón muy alto y, por ello, todos los españoles deberíamos darles las gracias, porque ahora, más que nunca, me siento grande, respetable e invencible; llevo en mi sangre el orgullo español.
"Para decir yo te amo primero hay que saber decir yo". Hace años la filosofa rusa, Ayn Rand, citó esta frase como principio de individualismo. Su obra trataba de buscar respuestas a la pregunta del ser, de su existencia. A menudo, la gente habla de sí misma sin preguntarse que hay más allá de sí; "yo quiero", "yo hago", "yo estudio", "yo tengo", "yo amo"...pero ¿que significa "yo"?, ¿quien soy "yo"?.
La mayoria de la gente vive en un mundo de conformismo en el que nadie se preocupa por lo verdaderamente importante. Aceptar la sociedad tal y como te la presentan, sin llegar a someterla a duda, supone un acto de cobardía y, por supuesto, de conformismo barato. Me asombra la gente que vive sin ningun objetivo en la vida, que vive el presente sin preocuparse por su futuro, que no le importa el verdadero motivo de su existencia en un mundo tan incompresible y de locos como este. Yo no puedo evitar plantearme cual es mi mision, mi meta. Soy una persona ambiciosa y persistente. Tengo sueños; y quiero cumplirlos. Se que puedo conseguirlo. Pero tengo muy claro que, para ello, no puedo empezar la casa por el tejado. Necesito unos buenos cimientos, estables, que definan mi "yo"; para que algun dia, el hecho de decir "yo", me permita decir "yo te amo". Es un trabajo difícil que requiere mucho tiempo, pero la naturaleza es sabia; y estoy segura de que todo está pensado para que te de tiempo a encontrarte a ti mismo antes de morir.
Poder hablar de ti mismo sabiendo de verdad quien eres tiene que ser una sensacion realmente satisfactoria. Probablemente, como ya he dicho antes, gran parte de la sociedad nunca se ha planteado ni se va a plantear este tema que a mi me preocupa tanto. Estas personas igual no necesitan saber quien son, pero de lo que estoy segura es que sin encontrarse a si mismos, nunca podran llegar al fin ultimo del hombre, la felicidad. A mi me queda mucha vida por delante para encontrarme, pero por ahora ya he dado un gran paso. Una vez definida mi meta ya solo hay que mentalizarse de que ha empezado la cuenta atrás para llegar a ella. Me queda un largo camino por delante, pero por lo menos ya he encontrado el principio del mismo, cosa que muchos no pueden decir aún teniendo bastantes más años que yo.